Al parecer la rutina diaria, el trabajo, la casa, la atención de los hijos/as etc. “ayudan” a muchas parejas a ir arrastrando los problemas sin que estallen durante el año pero cuando la convivencia se hace más estrecha, cuando las vacaciones obligan a permanecer juntos durante días sin posibilidad de escapatoria, las tensiones ocultas y acumuladas afloran y la situación estalla. Dejando al descubierto la  falta de comunicación y la falta de búsqueda de solución de los problemas conyugales.

Otra causa importante es el cambio de hábitos que se produce en las vacaciones. Hay personas que basan su equilibrio emocional en la rutina. Es decir, nuestros horarios y actividades laborales y de ocio nos hacen ser independientes en el día a día, pero con la llegada de las vacaciones, todo esto sufre un cambio importante. En las vacaciones nos vemos obligados/as a modificar y a compartir. A veces, no escuchamos lo que el otro quiere hacer y únicamente pensamos en lo que nosotros solemos y queremos hacer y nos empeñamos en intentar seguir igual y seguir con “nuestra rutina”.

Por otro lado, y relacionado con esto último, la falta de apoyo social, es decir, el resto del año cada miembro de la pareja cuenta con el apoyo social de los compañeros/as de trabajo y amistades y dicho apoyo normalmente desaparece en vacaciones.

Además, el hecho de tener más tiempo libre nos lleva a hacer un análisis de nuestra relación de pareja. Implica que pensemos  y valoremos si nuestra relación va bien o mal, si existe comprensión, si tenemos la misma intimidad o incluso el mismo nivel de confianza que antes. Es entonces cuando nos planteamos la posibilidad de mejorar nuestra relación, luchando por ella, o bien darnos por vencidos/as y decidirnos  por la separación. Y el mejor momento para ello, es el inicio de un nuevo periodo, como es el final del verano o el inicio del año tras la navidad, para cambiar de vida y hacer nuevos planes.

Por último, destacar que las parejas suelen esperar demasiado de las vacaciones. Es decir,  creen que las peleas y los conflictos que han tenido lugar a lo largo de todo el año, van a desaparecer por el simple hecho de “estar de vacaciones”. Cuanto más altas expectativas tengamos de cuán perfectas deben ser las  vacaciones, más probable es que tengamos un sentimiento de decepción y frustración ante la más mínima discusión de pareja.

En definitiva, debemos ser realistas. Nuestra pareja es quien es, nuestra relación funciona como funciona, y los problemas son los que son, durante todo el año. Nada de esto “cierra por vacaciones”. Así que lo mejor es que aceptes la realidad, comunica a tu pareja tus inquietudes desde el respeto, la empatía y el cariño que os une y buscad soluciones (próximos artículos: “Herramientas para hacer frente a una crisis”). Y recuerda que…

    ….si buscas distintos destinos, no hagas siempre lo mismo (Albert Einstein)

 

                                         Lucía Vargas